Grandes machadas del cine de acción: Somos los Miller.

Gran machada: “El que tuvo, retuvo”.

 

Los refranes, las frases hechas o incluso algunas expresiones son comunes, recurrentes y tópicas muy tópicas en el lenguaje coloquial. Facilonas en el celuloide sin apenas gracia ni chicha ni limoná. Pasarían desapercibidas sino fuera porque nos suenan.

 

Ésta no llegaría ni a chulería, vacilada menos.

 

Sin embargo, en este caso, la gran machada de ‘Somos los Miller’ es el refrán “el que tuvo, retuvo” por la pinta de palurdo del personaje, el tono al decirla y como evoca al desenlace de la escena.

Focalizada en una comedia road movie, con condimento de acción.

 

Don Fitzgerald es un agente de la DEA, que se ha visto obligado a tomarse unas vacaciones forzosas porque no era lo suficientemente agresivo. La savia joven rules, jubilación anticipada.

También es el típico hombre de familia, de mediana edad, que pertenece a esos matrimonios pesados y aburridos que se emperchan a otros grupos para su propio entretenimiento, que no te quitas de encima ni con aceite hirviendo. Ni hablemos ya de la querida esposa.

 

La puerta se abre. Aparece agarrando la cafetera-termo con la mano derecha. Salto a lo pressing catch Smackdown RAW.

Baile de mamporros. Gancho en la mandíbula. Encajona la pistola del cuate malote dentro de la taza de acero inoxidable. Codazo. Revés, juego de muñeca, con el receptáculo en la cara. Uno ni se mueve. Otro, insertado en la garganta como Jackie Chan, utilizando utensilios culinarios. De propina, lo desarma.

El último golpe en la huevera. Para sentenciar, la puntilla con adorno de 360º grados y enemigo desplomado.

 

Plano heroico para que vea la facha hortera que viste. Vaqueros cortos, bigote raro más las gafas de ancestrales milenios. ¿Le viste la rabadilla?. ¿O las honorables campanas arrugadas?. ¡Pantorillas al aire!.

Último plano. Nuestro héroe. El cuerpo antidroga.

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Grandes machadas de series: The Walking Dead 4×16.

The Walking Dead 4×16 – A.

Gran machada: “Lo que no saben con quién se han metido”.

El líder, el arquero (♪ acróbata, magos y el caballero ♪) y la samurái. En fila india hacia el vagón. Y el chaval. Todos para adentro. Al reencuentro. Cuarto oscuro y al barullo.

Rick empieza el discurso porque saben quiénes son, en que se han convertido y los de fuera no. Principio básico del motín. Uno por uno le miran. Maggie, la excuñada lesbiana del Gobernador, el militar preguntón, Glenn, el “científico” chiflado, el alcohólico, la hermana de ‘no me gusta esto’ y la nueva tipa como se llame. Muy chanante. Mojón a la vista (música de tensión ommmhhhh), y Daryl aguantando la risa.

Silencio. Rick les mira con un ojo en la claridad. 1, 2… y machada.

Ni criando cerdos ni plantando huertos. Han cambiado.

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Grandes machadas del cine de animación: ¡Rompe Ralph!.

Gran machada: “No. Sólo para mí. Soy un malo. Y eso es bueno. Jamás seré bueno y eso no es malo. No me cambiaría por nadie”.

Como en cualquier videojuego, los desenlaces desembocan en problemas amontonándose, el drama lagrimón, luchando al límite, el giro inesperado, el sacrificio, la pelea contra jefe final, otro giro sorpresa y el comieron perdices. A casita toca. Ingredientes hasta ver los créditos.

El malo no tan malo (Ralph) contra el malo malísimo (King Kandy/Turbo Tastic) agarrados en las alturas. Viendo el negro panorama de Vanellope, Felix y Calhoun. ¿Fin de partida?. Rompe Ralph tiene la palabra. A la heroica desesperada. En manos del código binario, la electricidad y el encargado del salón recreativo.

Cantos gregorianos. Ralph se despide de la humanidad cibernética y recita el lema del grupo de terapia de los malos, como drogodependiente o adicto ¿así mismo?. Miradita tierna a la chapita ‘Descerebrado’.

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Grandes machadas del cine de acción: Siete psicópatas.

Gran machada: “La paz es para los maricas. Y ahora vais a morir”.

Están elaborando el guión de ‘Siete psicópatas’ en mitad de la nada del desierto. Alrededor de una hoguera como en los campamentos de niños americanos, contando historias de miedo. Ésa es la cuna de tanto boy scouts.

Uno de ellos narra su versión final para el gran tiroteo en un cementerio. Interrupción. El mafioso psicópata nº3 aparece con su elenco de secuaces pegando tiros a diestro y siniestro sin ningún objetivo claro. Por si pasa alguien, me lo llevo por delante. Sin embargo, para equilibrar la balanza, ‘J de diamantes’ llama a sus amigos del psiquiátrico, que emergen como zombis de las tumbas armados hasta los dientes. Pistolas a una mano, a dos manos… un lanzallamas porque es del Vietcong y hay que quemar arrozales.
El guionista escondido y aislado de la matanza, escribe como una nenaza hasta que le meten a su exnovia para la reconciliación, gritan dramáticamente en la tormenta épica, y hay que matarla porque es una hija de la gran puta. ¡¡¡Kayaaaaaaaaaa!!!.
Toma la venganza al pie de la letra. Tira una lápida porque es elegante. Le pone unas metralletas en las manos y suenan los efectos sonoros de las gárgaras burbujeantes del narrador.

Interrupción. Recupera sus notas que ha tirado por la efusividad. Los oyentes ríen perplejos. Desfile de balas. Mata a dos de los psicópatas para reestablecer el orden natural de las cosas. Han acabado con muchos extras. Alguno tiene que caer. Mete a un conejo blanco inmortal porque sólo mueren mujeres. Machismo ninguno que después vienen las protectoras de animales. Al vietnamita que usa nunchakus japoneses también se lo carga.

Han sobrevivido el guionista y Hans que se descubren con pose guerrera y pistolas descargadas. Patas alicates. Es el duelo final. De las sombras sale el malo, con dos pistolas y fumando un puro. Bastante holgado es capaz de sacarse el puro de la boca con una de las manos ocupadas. Y pronuncia la gran machada: primera parte seria y la segunda jocosa casi mofa “…moriiir”.
El psicópata ‘J de diamantes’ no estaba muerto, estaba de parranda. Resucita. Un poco herido. Le ensarta una flecha con la ballesta a lo ancho del cuello. Finalmente, lo remata con una escopeta que le revienta explota la cabeza chorrosangre.
Epopeya fantasmal. Opiniones.

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Grandes machadas de series: Person of interest 2×01.

Person of interest 2×01 – La contingencia.

Gran machada: “El que le pegó un tiro, y le robó la placa”.

Pausado. Impávido. ¿Dónde estoy?. ¿Quién soy?. Me han traído a este antro. Esto no va conmigo. Las personas que me rodean están para ambientar. No veo a nadie.

Deducciones y conclusiones. La máquina. Yo. Plan de contingencia. Números de la Seguridad Social. Arreglar problemas. ¿Qué puedo hacer para salir por la puerta?. Maniobras de casa.

La placa ‘Stills’ de policía está sobre la mesa. No es suya. Por tanto, no acepta el acuerdo. Le cuenta la historia. Miradas de tensión a tres bandas. Agarra la pistola del malo, le pega un tiro y sin soltarle la mano hace que dispare una, dos y tres veces. La cuarta de revienta tímpanos. Los clientes sentados en la mesa, los del fondo, están echando la tarde.

Ellos irán a clases de alemán.

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Grandes machadas del cine de acción: El último desafío.

Gran machada: “Bienvenidos a Summerton”.

Arnold Schwarzenegger hace de anfitrión del pueblo a falta de alcalde, que cerraría el paso a los malhechores a base de impuestos, especulación de terrenos y robar en las arcas públicas.
Así que se enfunda el uniforme de sheriff. Para eso fue gobernador de California y la megaestrella de la película.

Las frases de remache son saludos. Puntilla, machada y muerte. Va recibiendo a la gente que llega a la localidad ‘ha llegado a su localidad el camión del tapicero’. Va presentándose progresivamente, de secuaces a jefe final. A cada uno le dedica una machada según van asomando la nariz.
Pasar de unos días libres a un día tranquilo, hay un mundo.

Arnie no se anda con chiquitas, para que nos vayamos haciendo una idea con lo vendrá más adelante “Dame este maldito cacharro y déjame probar antes que cambie de idea y te ponga una denuncia”. Encañando y disparando. Pitracos por el aire.

Han tumbado al gordo y tienen acorralada en la azotea a la chica. Gira la esquina el autobús escolar. Embiste la barrera de coches. Traga balas. Cristales hechos pedazos. Hace un trompo en la calle principal del pueblo. Choca con el bordillo de la acera. A dos ruedas se levanta. La puerta trasera se abre y aparecen el tonto el pueblo disfrazado de una especie de guerrero medieval y el sheriff. Asoma la ametralladora de la Segunda Guerra Mundial. Van matando enemigos, reventando coches, agujereando edificios y salpicando sangre como polvo para esnifar. Peta la ansiada gran machada “Bienvenidos a Summerton”. Espectacularidad rimbombante.

Uno contra uno. Flojita y sin altura. Tiene al mano derecha atosigado, soltando plomos contra el vehículo donde se cubre. Cambian de posición. Intercambian vehículos. Uno va hacia el otro, y el otro hace lo propio. Le revienta la oreja desde el suelo con Juanita, debajo del autobús. Zumbando los oídos. No percibe nada. Cuando quiere darse cuenta, ve a Arnie apuntándole entre ceja y ceja. Le pregunta quién es y responde lo obvio “Soy el sheriff”. ¡Kabum!.

Cruzando el puente. Salta la sorpresa. Ahí está Arnold esperando a Eduardo Noriega en la frontera. Joven contra viejo. Se ponen al día a ver quién jode más a quien. Las típicas diferencias generacionales. “Estás acabado abuelito” lleva la réplica “Estoy comenzando, nieto”. Juego de antónimos.

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Grandes machadas del cine de acción: Terminator Salvation.

Gran machada: “Si la idea era seguir viviendo, conduzco yo”.

¡Toma empujón!. Sale despedido por la puerta sin puerta del vehículo. Y no a un pelele, a un actor secundario del pelotazo o a un extra que pasa por ahí; sino al futuro padre de John Connor, John Connor.

Con sus viajes dimensionales entre pasado y futuro, ¿cuál es el presente?. Usted que ha sobrevivido en los testículos de su padre en la primera parte, al Terminator de mercurio en la segunda, y a base de polvos con Claire Danes en el búnker antinuclear de la tercera.

Hay que tener en cuenta que Kyle Reese es un yogurín que va con una niñita llamada Star, que juntos forman la Delegación de Los Ángeles para combatir contra los Terminators.  Dos medio palmos en un solar inmenso infestado de hombres de hojalatas.

Están de cháchara –la chica es sordomuda- con el misterioso Marcus Wright, discutiendo hacia dónde ir, diferencia entre máquinas y humanos, y Skynet; hasta que aparece un Aerostat, obligándoles a salir pitando de allí hacia donde sea. ¡Gps listo!.

Antes del Juicio Final, Kyle no tendría licencia para conducir o estaría en la autoescuela sacándose el carnet, porque es ponerse al volante y dar tumbos, zigas-zagas por la carretera. Inseguro e inestable. Si además le añades obstáculos y que el robot te está comiendo el culo con ganas, pues como te crispa de los nervios. Imagínate si ya eres el profesor de autoescuela Marcus, que cuando te has quitado de encima el bicharraco, arrancas el freno de mano para parar esa juerga de quinceañeros.

Vuelve la cordura, la madurez. Manotazo. ¡Largo de aquí!. De alguien que tiene idea de cómo hacer las cosas y conducir sin estrellarse en 10 metros. Cuando seas el adulto de la primera entrega, a lo mejor te prestamos una bicicleta.

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