Grandes machadas de series: The Walking Dead 5×12.

The Walking Dead 5×12 Recuerda.

Gran machada: “Por suerte estamos aquí”.

Rick Grimes ve unas puertas cerrarse en sus narices y se le suelta la lengua. A decir grandes machadas. Reja corrediza y puerta chapada.

La comuna gay les pide dejar las armas y él va entonándose, entrando en calor y sacando chulería con la niña en brazos. Ni hablar del peluquín.

Asoma un caminante despistado. Rick chasquea los dedos. Sasha obedece y dispara su rifle de asalto con silenciador. La población zombi disminuye. Sonido metálico. Puerta cerrada.

Salvados ♫Cuatro pasitos palante, María♫. Ha llegado el puto amo a casa, pringaos.

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Grandes machadas del cine de acción: Los mercenarios 3.

Gran machada: “Yo soy La Haya”.

Tan natural. Sly diría “desayuno dos tostadas” o “hace calor”, y serían grandes machadas. Matar. Explicación ninguna. Le va a hacer una visita guiada por su Arco del Triunfo a La Haya.

 

Pelea en el charco. Puños. Nada de armas. Bueno… Mel tenía la sartén por el mango y aprovecha la ventaja. Primeramente, le golpea con el cañón de la pistola cerca de la clavícula. Como han dejado las cosas claras, van en serio.

Otro face to face. También la infunde Mel en el acercamiento. Molinillo ruso de obsequio. Tumbado. Para que no se levante patada en el hocico, que no falte.

 

Todos esperan a Barney. Los compañeros viejóvenes metiendo prisa. Ni que fueran a cerrar la whiskería. Así no se puede.

 

La siguiente tanda es para Sly. Tuya, mía. Esquiva varios intentos de Mel y en un parpadeo ya lo tiene con los dientes sangrando. Stonebanks se recompone y le atiza un puñetazo de chiripa; pero en un paso de bailarina le suelta un manotazo en la cara.

Lo tiene medio ko. Sujeto por el cuello. Vapulea su cabeza speed bag aún pegada a su cuerpo. Una, dos, tres. A la cuarta, le para el puño. Ambos se estrujan la garganta. Cascanueces manuales. Muecas de vejestorios. Pitopausia, dentaduras postizas, colonoscopias y cascarrabias. Combate a muerte en el club del jubilado. Por pillar el periódico o por las pastillas de Viagra.

 

Sly hunde el brazo de Mel que hinca la rodilla. Arrastrándose, va a por su arma. Sly, por su parte, se tira de cabeza a la piscina de dos dedos de agua. Usa su disparo rápido como buen cowboy. Acierto total. Vuelve a tenerlo de rodillas ante él y ¡Bang!.

 

Expectación. ¿Le dirá algo?. Silencio, tal vez. No. Tiempo de pausa. Aire. ¿Gran machada?. Drummer, el cansino. Responde a la pregunta.

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Grandes machadas del western: Mil maneras de morder el polvo.

Gran machada: “En la feria muere gente”.

En ‘Mil maneras de morder el polvo (A Million Ways to Die in the West)’ hay referencias a tantas tantas películas como el Delorean de ‘Regreso al futuro’, las notas de una canción de ‘Indiana Jones y la última cruzada’ que suenan en la persecución al galope con tren incorporado, el osito Ted, un momento flashback a lo ‘Padre de Familia’ que hace un popurrí de universos fantásticos, que vete a saber cuál es, ‘Las Crónicas de Narnia’, Harry Potter, ‘El señor de los Anillos’ o el de Tim Burton en ‘Alicia en el país de las maravillas’ y ‘Big Eyes’; que menos, que meta a Jamie Foxx con la indumentaria de ‘Django Desencadenado’ de Tarantino.

“La D es muda, paleto”.

 

La gran machada es la frase recurrente o chascarrillo, en boca de Seth MacFarlane y Charlize Theron cuando van a la Feria del Condado. El título de la película se centraliza en este evento del Viejo Oeste. Los indios dan fe.

Enumerando tipos de muertes y más muertes. La familia que la palma haciéndose una fotografía sin sonreír como recuerdo de su funeral o el vendedor de bebistrajos astado por un toro sin estampida. Sólo faltan los meteoritos arrasando como fuegos artificiales para clausurar la fiesta.

El personaje de Seth MacFarlane es un panoli que es incapaz de acertar a unas botellas y latas disparando con la pistola. Yo tampoco, pero mi vida no es ficción. Comprensible que “En la feria muere gente” no tenga fuerza para ser machada en él.

Charlize Theron sí impone más. Es la mujer de Clinch Leatherwood, pariente lejano de Clint Eastwood, y quien enseña a manejar un arma a Seth. Tendría más posibilidades de alcanzar el tono y la rudeza de Django si su personaje tuviera semejanzas con Josey Aimes, Aileen, Ravenna o Mary de ‘Hancock’.

 

Jamie Foxx es un cameo más. No tan numerosos como los amiguetes de Santiago Segura en la saga ‘Torrente’. Justo en el ‘The End’ de la película y festejando la muerte del negrero ‘Esclavos fugitivos’, acabando los créditos con “¡Qué cojones!, que alguien me traiga a una de esas mujeres blancas”.

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Grandes machadas del cine: Amor sin control.

Gran machada: “¡A la mierda!. Soy George Clooney”.

Se pasa la película corriendo calle arriba calle abajo a lo Tom Cruise pero con los puños cerrados, yendo en bicicleta vestido de mujer, esquivando coches, bailando alternativamente, escocido y sudado como un pollo o una foca (alusión a su obesidad americana) en remojo.

 

Estas actividades físicas le distraen de arrimar cebolleta en el metro, acosar a compañeras de trabajo, masturbarse mirando porno, coger el metro, viajar en taxi y ver la teletienda de tías jamonas.

 

Tanto deporte convierte a Neil, estereotipo de médico gordinflón y simpaticón, como si fuera “el Antes y el Después”, de Anthony Edwards (Dr. Mark Greene) a George Clooney (Dr. Doug Ross) en ‘Urgencias’.

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Grandes machadas del cine de acción: Guardianes de la galaxia.

Gran machada: “Oh yeah”.

Tiene un plan de fuga de la cárcel Las Kyln. Al 100%. Sentado con Peter y Gamora en una mesa, va contándoles que necesita (brazalete vigilante, pierna ortopédica y batería quarnix) para el irritante confinamiento. Mientras su amigo inseparable, donde se cobijará y hará sus necesidades, pasa del rollo y decide intervenir por cuenta propia. Planta raíces, estira tronco y alcanza uno de los elementos esenciales para darse el piro.

Así por las buenas. A la vista del mundo entero. Improvisar, se ha dicho.

Time to shoot y mamporros.  Le cae un trabuco cañón en las manos. Ralentizándose en el aire. Girando. Girando. Subido en el hombro de su árbol favorito y disparando en 360°. Berreando. Chillando a coro. Venteen el bigote. Luzcan colmillos. Risas histéricas. La muerte les mira.

Rocket es un guasón. Un chistoso descarado con mucho carisma, al que le persigue la mala fama o la pésima propaganda: experimento genético y cibernético de una vida inferior, bestia repelente, roedor, animal asado, mapache, alimaña; o incluso “no puedo creer que esté recibiendo órdenes de un hámster”.

Un pringado en sus distintas formas geométricas.

Este renacuajo peludo dice la gran machada con un simple tragoescupitajo -resoplido, bufido, mueca, mohín-  ante un universo plagado de personajes más corpulentos, heroicos y estrambóticos como “Yo soy ¡Groot!”/“Nosotros somos Groot”; el Hamelín silbante de flauta punzante;  la coprotragonista “Voy a morir rodeada de los mayores idiotas de la galaxia”; el forzudo metafórico “un dedo en el cuello significa muerte”;  y superando a Peter Quill cantando ‘O-o-h Child’ de The Five Stairsteps delante del malvado Ronan, haciendo el gamba, al que reta a un duelo de Baile y “Tú lo has dicho, mamón. Somos los Guardianes de la galaxia”.

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Grandes machadas del cine de acción. Star Wars (III): La venganza de los Sith.

 Gran machada: “Si tan poderoso sois vos, ¿por qué escapar?.

Viejo pasa, añado yo.

Este combate va a ser más espectacular que el que está teniendo lugar entre Obi Wan y Anakin Skywalker en Mustafar.

Las cartas están sobre la mesa. El gran misterio ha sido desvelado y por fin han sumado 1+1 y han descubierto la identidad de Lord Sidious.  El más listo de la clase va a hacerle una visita de cortesía a su despacho.

Ha lanzado por los aires a su pequeño amigo verde. El maestro Yoda se incorpora como el máximo representante de los Caballeros Jedi, y de los pocos que quedan vivos; mientras que el otro, meaíto de la risa, fanfarronea recordándoselo.

“No si algo que decir al respecto yo tengo”.  ¡Persona vaaaaaaaaaaaa! al otro extremo de la sala. Butaca revolcada. “A su fin vuestro reinado llega”. El canciller también se pone en pie. “Y no lo bastante corto ha sido”. Con su retórica, su verborrea, su combinación caótica de sujeto, predicado y complementos… en esa lucha del Bien y del Mal, la batalla de la Fuerza y el Lado Oscuro de la Fuerza. Con temple y talante soltar la gran machada yodista.

Mahatma Gandhi chuleaba igual cuando tomaba represalias por robarle el bocata en el recreo. Siempre sin salirse de sus casillas y manteniendo la compostura.

Volteretas inverosímiles. Uno para salir pitando y la bola verdusca a cerrarle el paso. Aparta el bajo de la capa y desenfunda su espada láser. Excitación. Empalmados.

Tanto que si los Sith con el Lado Oscuro de la Fuerza son más poderosos por dar rienda suelta, abriendo chakras y poros libremente, descontrolados y melena al viento. Ira e intensidad para qué, cobarde. Lord Tenebroso cambia de tema y nombra a Darth Vader. “La fe en vuestro aprendiz equivocada puede estar, al igual que vuestra fe en el Lado Oscuro de la Fuerza”. A pegar chispazos.

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Grandes machadas de series: The Walking Dead 5×08.

The Walking Dead 5×08 Coda.

Gran machada: “Cierra el pico”.

Cállate la puta boca. Estás más guapo calladito. Tu aliento huele a mierda. La gran machada es el accesorio perfecto donde la acción brutal tiene más relevancia con los siguientes desencadenantes: el agente de policía escapa con las manos esposadas, los podridos le persiguen, y Rick también en un coche patrulla.

Rick está pasado de vueltas, de rosca y mata humanos como zombis. Parece que va con el mono a montar el cisco padre. Vacilando con planos heroicos. Lo arrolla, empotrando el morro en el espinazo y despidiéndolo a cuatro metros mínimo. El otro irremediablemente manda recuerdos a la queridísima madre de Rick con clemencia. Agonizando, reabre el debate de los dilemas morales, quién es el peor de los dos, para amenazarle con que van a morir todos. Rick le contradice y, ¿le mandas callar después de matarlo?. Será para cuando despierte como caminante.

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