Grandes machadas del cine de acción: 300.

Gran machada: “Porque sólo las espartanas, traemos al mundo, hombres de verdad”.

 

Las páginas de la novela gráfica ‘300’ de Frank Miller recorren a través de la sangre y la muerte personajes violentos, hipócritas, pervertidos y depravados. Hombres violentos, hombres hipócritas, hombres pervertidos y hombres depravados. Hombres, hombres, hombres y hombres. ¿Ha quedado claro?.

Haciendo un repaso histórico a las culturas persas, helénicas en su forma y pensamiento donde trasciende el hecho histórico de la Guerra de las Termópilas.

Zack Snyder les da vida en la película.

Durante todo el metraje de ‘300’ -largometraje dirigido a un espectador etiquetado por los tópicos cinéfilos: palomitero, adicto a los videojuegos, y en su esencia, masculino- no extrañaría la machada insulsa con grito cuando le clavan la espada a un enemigo, mientras borbotea sangre a su alrededor; o la machada rencorosa cuando ha habido un pique entre dos personajes y el vencedor se ríe frente al caído; o la machada de dolor por la pérdida de un compañero como contrapunto a la venganza que se avecina al némesis. Todas y cada una de ellas pronunciadas por varones. Sería llanamente normal. Festival de machadas, por doquier.

Sin embargo, entre ese canto al músculo digitalizado de Leónidas y el capitán, Dilios, Theron, Stelios, Astinos, Daxos, Ephialtes… florece la Reina Gorgo que suya es la gran machada de ‘300’: “porque sólo las espartanas traemos al mundo a hombres de verdad”, que resume la película para tanta guerra y tanta política dirigida por hombres con ansías de poder. La que patea el culo del mundo persa en una conversación de hombres.

Si es que la cita “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer” se queda corta con el matrimonio Leónidas y Gorgo. Gorgo está a dos pasos por delante de su hombre.

En la actualidad, aplicadlo a la vida real.

No la dice para sus adentros ni es una ensoñación ni en ataque de histeria. Suelta la gran machada cuando es el momento adecuado, delante de su marido y del emisario persa, que viene a solicitar la pleitesía del pueblo de Leónidas. Todos, chitón. Sus palabras resuenan en la cabeza de los asistentes y en la tuya. Ni los grillos se escuchan en esa escena.  La Reina Gorgo es quien manda entre espartanas y espartanos.

¡Cómo se las gasta!, piensa uno, porque es así: si una mujer es capaz de engendrar a unos hombres, pongámosle 300 y llamados espartanos, que le plantan cara al ejército de 300.000 soldados de Jerjes, mejor coge tus cosas y no vuelvas en la vida a pisar Esparta.

Entonces el detalle es evidente: el emisario mira y replica a Leónidas, y éste ni responde, porque él será el rey, pero quien manda es la reina. Al final, pasa lo que pasa, ella no se mancha las manos y es el hombre quien patea el lomo del emisario de Jerjes, lanzándolo al foso. Dejando claro quién manda y quién obedece.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
Esta entrada fue publicada en Grandes machadas y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s