Grandes machadas del cine de acción: Sin City.

Gran machada: “Ahora mismo”.

El desencadenante. No hace falta mucho más. Dos palabras y estalla la bomba llamada Marv para matar al asesino de su querida Goldie. Sabe que le han puesto una trampa, que era imposible que la policía estuviera golpeando la puerta del piso a los cinco minutos de morir la prostituta. Era eso o la pura casualidad.

Tranquilo, con calma. No hay ninguna prisa. A él no le urge salir afuera. Son ellos los que tienen que entrar, los que quieren el Apocalipsis; ya habrá tiempo de salir afuera, de matar y descuartizar. Terminándose el cigarrillo, debe centrarse, pensar en cómo hacer para ir pista tras pista, porque cuando todo empiece, será muy sencillo perseguirle, sólo verán la ristra de cadáveres y el rastro de sangre que les guiará a él.

La policía quiere que les abra la puerta y se la parte en todos los morros, se lanza al vacío de la escalera evitando las balas, se arroja por una ventana para caer en un montón de basura, patalea la luna del coche de la pasma, mata a los que había dentro y elimina el rastro tirándose con el coche al muelle.

Más muerte, más sangre, canibalismo y mujeres de las novelas de Frank Miller. Un remanso de destrucción y estilo propio con pinceladas como “la sangre va a correr, te lo aseguro, como en los viejos tiempos, los malos tiempos. Los días del todo o nada. Han vuelto. No hay elección y estoy preparado para la guerra” y darle la puntada final con “El infierno es vivir día a día sin saber la razón de tu existencia, pero se acabó. Le he costado la vida a alguien que se portó bien conmigo, pero he salido del infierno se lo que tengo que hacer” como en épocas antiguas y películas épicas. Él la suelta en un lavabo a su agente de la condicional.

Nunca imaginó sentirse amado y menos por una mujer como aquella, que en cualquier otra circunstancia no le hubiera elegido ni se hubiera fijado en él con esa cara; aunque siguiera preguntándose los porqués, sospechase y supiera quien era y que hacían, tenía que devolverle el favor de pasar una noche inolvidable y vengar su muerte. Le importaba una mierda si lo mataban, si lo engañaban o hacerle lo que quisieran, ya tenía entre ceja y ceja que descubriría quien había acabado con la vida de Goldie y que haría con las personas que entrecruzaron las vidas de los dos, sin importarle si moriría por el camino o a cuántos se llevaría por delante hasta conseguir lo que se había propuesto.

Por amor. Redención y perdón. Expiar los pecados. Marv no conoce otra cosa que no sea matar, es lo mejor que sabe hacer. Esa mujer ha tocado su fibra sensible. Ha hecho aflorar sentimientos inimaginables en su interior. La ama con locura. La compasión le ablanda el corazón. Ve la oportunidad de limpiar el oscuro pasado, cumpliendo la promesa a la hermana de Goldie y autoimponiéndose la flagelación con más muerte. La culpa le corroe porque no se enteró cuando el asesino de Goldie la mató en la cama con forma de corazón, estando él al lado, no logra explicárselo; y además no puede quitarse de la cabeza, que ella se acostó porque obedecía órdenes.

Quien mejor lo define es Dwight, que como bien dice “sólo ha tenido la mala suerte de nacer en una época equivocada, se encontraría como en casa en un antiguo de campo de batalla clavándole un hacha en la cabeza o en un circo romano matando a golpe de espada a otros gladiadores”.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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