Grandes machadas del cine de acción: Watchmen.

Gran machada: “Me parece que no lo entendéis. Yo no estoy encerrado con vosotros. ¡Vosotros estáis encerrados conmigo!”.

En la cárcel, cuando es detenido, los guardas se abalanzan sobre Rorschach y éste va gritando que no está encerrado en la cárcel, que puede salir cuando le plazca, que anda como Pepito por su casa y que el resto de mortales sí que están enjaulados.

Pura metáfora. La prisión no es el lugar donde todos están apelotonados, sobreviviendo, puteándose y jodiéndose la vida mutuamente; sino que la verdadera cárcel (no como carcelero), el verdadero recinto opresor de la libertad es una persona, es Rorschach.

Chuleando desde la humildad. Cabreado con el mundo, cabreado con la sociedad y cabreado consigo mismo. Rorschach es una persona que pasaría desapercibida. Es insignificante, atormentado, baladí, con manías y sin presencia como Walter Joseph Kovacs, que movido por la venganza, entra a formar parte de los Viligantes (Watchmen).

Uno más entre rejas. Él no intenta destacar entre los presos. Accede hacer terapia con el psiquiatra Malcolm Long, mantiene poco contacto con los compañeros de celda, evita las provocaciones, y principalmente, no meterse los problemas.

En el comedor, le da la ventolera. Estalla. Tira todo lo conseguido por la borda. Monta el petate. Sin mediar palabra, se harta del entorno y focaliza la rabia en un preso que le dice cuatro palabrejas. Rorschach detiene el pincho con la bandeja de la comida, le golpea en los morros con ella, rompe el cristal contra estornudos del buffet, coge una sartén hirviendo y le arroja la comida en la cara.

Mientras deja las cosas claras, quien es y quien manda, exponiendo el discurso; los guardas van apareciendo como conejos para bloquearlo a golpes, coartarlo a la fuerza. No se inmuta. Impasible.

El cerebro desquiciado de Rorscach supura multitud de rostros con el objetivo de acabar con el mal. A pesar de las contradicciones, ve con claridad la situación y el enclave donde se encuentra. El fin justifica los medios.

Es un lobo solitario. Digiere las dificultades, las barreras y trabas que impiden el progreso del bien supremo. Del yin contra el yang, porque en el mundo real nadie se atreve a oponerse contra el poder, excepto los Watchmen.

Kovacs o Rorschach, individualmente, desde la incultura que imprime en sus acciones,  siente el vacío, que la sociedad le da la espalda, y necesita ser querido. Ser amado. La arrogancia del poder y la relevancia del grupo al que pertenece, está obligado a doctrinar al pueblo carcelario.

La novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons, en el capítulo VI titulado ‘El abismo te devuelve la mirada’, muestra en sus viñetas este pasaje con la solemnidad de la voz omnisciente del narrador: “Mientras le arrastraban, Rorschach hablaba con los otros presos. Dijo, “ninguno lo entendéis. Yo no estoy encerrado aquí con vosotros. Vosotros estáis encerrados conmigo mismo”. 

En cambio, en la película de Zack Snyder (adaptación del cómic) el Vigilante grita a pleno pulmón una de las frases emblemáticas de las páginas de ‘Watchmen’.

Hay pequeñas variaciones, como que el preso de color es quien le quiere dar el autógrafo al famoso superhéroe, y en la obra de Moore los globos dicen lo contrario: “Eh, Rorschach… Eres bastante famoso, ¿eh?. Chico. Me gustaría tener tu autógrafo”.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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