Grandes machadas del cine de acción: Algunos hombres buenos.

Gran machada: “No me llame hijo. Soy un abogado y un oficial de la marina de los Estados Unidos. Y usted, está arrestado, hijo de puta. El testigo puede retirarse”.

“¡Tú no puedes encajar la verdad!. Vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros han de estar vigilados por hombres armados. ¿Quién va a hacerlo?. ¡¿Tú?!… Yo tengo una responsabilidad mayor de la que puedas calibrar jamás… maldices a los marines. Tienes ese lujo. Tienes el lujo de no saber lo que yo sé, que la muerte de Santiago, aunque trágica, seguramente salvo vidas, y que mi existencia, aunque grotesca e incomprensible para ti, salva vidas. Tú no quieres la verdad porque en zonas de tu interior de las que no charlas con los amiguetes, me quieres en ese muro. Me necesitas en ese muro”.  

Los acusados alucinan. Los ojos se les ponen como platos. Demi Moore traga saliva. Kevin Bacon enmudece. La caraja y él se hacen uno. La sala del Juez Julius Alexander Randolph huele a cacota. La orina huele a miedo. A más de uno se le caen las bragas hasta los tobillos. Acaban de vivir la interpretación con dos cojones de Jack Nicholson.

Ante tal avalancha Tom Cruise desentona con la machada, meándose fuera del tiesto. El duelo interpretativo entre los dos actores no existe. Jack Nicholson contra Tom Cruise. Perro viejo contra niño bonito e idealista. En más de dos minutos afloran los conceptos: honor, código, lealtad y el tiempo primordial del Coronel Nathan R. Jessup. Un popurrí de patriotismo americano dentro de la base que la sociedad sospecha, comprende y rechaza –tres en uno- que combate la justicia con el objetivo de conocer la verdad.

El último pedazo de la gran machada es el gen rabioso donde se desmarca lo sobrante. La chulería de un héroe de acción. Un abogado militar. El resto es la guarnición, el condimento del tío Sam hasta que in crescendo, añadiendo “hijo de puta”, estalla.

Por fin, los gritos tienen sentido y son audibles para el entendimiento, mucho menos que coloques a los actores en distintos planos método lejos y cerca del Barrio Sésamo; porque el discurso de ambos es coherente, con las razones de cada uno. No es un puñetero programa del corazón. Es un juicio. El Código Rojo está de pasada. Es la visita coñazo.

Entonces Tom Cruise termina cayendo en el insulto facilón y en los chabacano porque le saca de sus casillas un inofensivo “Dulces sueños, hijo” del Coronel, cuando el personaje de Jack Nicholson, a pesar de chillar como un verraco, apretar dientes y escupir mierda sincera, ha sido respetuoso. Le moleste a quien le moleste.

El Coronel Jessup que caga en la línea entre el bien y el mal. Él ha borrado esa línea hace tiempo. Vive pegando tiros desde su muro. También mataría a chusma cruisiano, hippies y Woodstock. Remata la faena, contestando a los desprecios con: “Voy arrancarte los ojos de la cara y a mearme en tu calavera. Has jugado con el marine equivocado”, como en una disputa de bar maloliente.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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