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Gran machada: “Dejarás que yo muera”. 

Con ese ruego o súplica Julianne Moore que se ha adelantado a las previsiones mentales de Nicholas Cage, de dos minutos y catorce segundos. Después que éste previera el petate que a liar colina abajo. Arrastrando con él coches, remolques, troncos de árboles y cadáveres que intentan capturarlo para que les ayude a detener a unos terroristas rusos.

Tampoco hay que ser un lumbreras ni tener un don para ver lo que se avecina. Primero reírse en la cara de los agentes federales, saltar chapuceramente (lógico con vaqueros y cazadora resta aerodinamismo), arrojarse por un acantilado, esquivar una bala moviendo el pelazo ‘será cabrón’, pedirle a tu novia arrojar el bidón de agua y generar una cadena de desastrosa destrucción, volcar una camioneta y esperar el momento exacto 2’14’’ para marcarte la vacilada del año, esquivar agentes, pedruscos y ruedas oxidadas.

Ha intentado llevar una vida normal, escabulléndose de las responsabilidades propias y las responsabilidades que le exige Seguridad Nacional; a pesar que ciertas aptitudes siempre traen cola y deben afrontar el sino que les ha tocado, que tienen escrito.

En estas catastróficas desdichas, Julianne Moore se adelanta a un prestidigitador, un adivino de la televisión telefónica, a Rappel, a la bruja Lola y a todos los habitantes de los planetas Raticulín y Ganímedes, juntos.

Yo también cuando veo caer un chino, una piedrecita pequeña, por la ladera de una montaña, sé que no va a venir nada bueno. Al límite de la vida y la muerte. Jugándome el pellejo en milésimas de segundos. Me sobran los 2’14’’, el reloj entero y la cordillera del Himalaya desde Bután a la India.

Allí están los dos, Callie Ferris (Julianne Moore) y Chris Johnson (Nicholas Cage), mirándose a la espera de acontecimientos. La agente de la ley bloquea el paso al visionario vidente, apuntándole con la pistola y poniéndole cara de berraquilla.

Encima de sus cabezas, los troncos giran y giran sobre sí mismos. Estirando el tiempo. En plan gallito, con placa y pipa, Callie Ferris le pone ojitos de cordero degollado; pero sabiendo la respuesta y el próximo movimiento de Chris.

Para estos hechos, el héroe (el prota) es el niño bueno. Alguien noble, al que la conciencia no es uno de sus mayores problemas. Primando la vida de los demás por delante de la suya propia. Las buenas acciones vienen de su conciencia; y por mucho que quisiera dejar al margen a la tipa, por muy incordio que sea y le tenga ojeriza, no puede abandonarla a su suerte.

Los elementos de la montaña van reuniéndose en el cielo como una gran bola de tierra, aplastamiento y muerte. Todo para la egoísta de Julianne Moore.

Las fuerzas de la naturaleza en la mano del hombre. Recuerdos para la novia de Chris, Liz Cooper (Jessica Biel).

Allá que va el santurrón de Chris Johnson. Lanzándose hacia ella. Nada de poner los pies en polvorosa. La coge, la zarandea y la tira. El primero en impactar es el tronco de un árbol que aplasta el coche de policía, que como si tuvieran suficiente, salta por los aires.

El resto es una partida del Tetris.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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