Grandes machadas del cine de acción: Las crónicas de Riddick.

Gran machada: “Mira yo no estoy con esta gente. Pero a ése le partiría la cara”.

Todo el mundo está reunido en una gran sala circular como la famosa pintura ‘La escuela de Atenas’ de Rafael Sanzio.

Hablando de comprensión, de entendimiento del subuniverso. Exponiendo las razones de cada uno. Dialogando libremente y respetando los pensamientos contrarios.

Los humanos de distintas creencias, razas e ideologías escuchan atentamente las palabras del orador Necromongers, que quiere convencerlos para convertirlos en uno de ellos. Esa conversión a su fe está regida por la liberación de elección o el miedo. En otras palabras, o te unes a ellos o acaban con tu alma.

Populacho hinca la rodilla con los huevos de corbata.

Ahí aparece Riddick, quitándose la capucha de monje pretoriano, como mandan los cánones de guayabo barriobajero. Solo ante el peligro. Él contra todos. Enfrentamiento: furiano versus necróferos. Le suda y le resbala lo que le diga, al que se atreva soplarle. Pocos, locos o ninguno.

Intercambia cuatro palabrejas con uno de los malos, que se presenta: “No es ningún hombre. Es el sagrado semimuerto que ha visto el Subuniverso y regreso con poderes inimaginables”, parafraseando a la petición de someterse al Lord Mariscal.

Ve detrás quien mató a Imam, o tal vez, lo parezca, porque los soldados necróferos van vestidos igual con el uniforme de jugador de rugby de equipo sin presupuesto; que Riddick esté entre la multitud nos la trae al fresco: el destino, la casualidad o el guionista qué pintan. Nadie se pregunta cómo ha llegado Riddick ni qué hace allí. Lo importante es repartir palos. Más adelante, dirá que está de paso.

Empieza la gresca o eso se espera o se supone o se da por hecho; “pero a ése le partiría la cara”, y se la parte. Lord Mariscal queda sorprendido con las habilidades de Riddick.

Continua la conversación metafísica con el malo malísimo, que no cesa en sus intentos de penetrar con el pensamiento único Necro-mongers. Además, como pasa de sus movidas y  tostones, intenta camelárselo con halagos, diciéndole que Irgun es uno de sus mejores hombres y el ojos luminosos de sapo suelta pasotismo con el típico “si usted lo dice”.

El nuevo punto es el puñal que le cede por unos momentos para comprobar las aptitudes y cualidades de su enemigo. Coge el arma. Tantea, manosea, le da unas vueltas y hace unos malabares para no echar ni gota. Riddick que no calla ni bajo el agua, “creo que le sobra medio gramo en el puño”. Salivemos sin parar. ¡Tráiganme la palangana!.

Una frase tras otra, a ver quién es el más chulo del Subuniverso sideral.

El remate es Dame Vaako (Thandie Newton). Su aparición estelar apartando a los asistentes. La necrófera media las diferencias.

La sala filosófica se transforma en una discoteca llena de feromonas, hormonas y células madre. Removiendo la compota en una probeta de esperma.

Riddick como farlopero hasta las trancas, olisqueando a la mujer cual perro salchicha, conteniendo embestidas y rozamientos con romanticismo trascendental “llevaba tiempo sin oler la belleza”. Él se deja llevar.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
Esta entrada fue publicada en Grandes machadas y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s