Grandes machadas del cine de acción: Superdetective en Hollywood II.

Gran machada: “¿Por una Coca-Cola?. Por siete pavos me dejaría matar”.

Entre las perogrulladas, farfolladas, soliloquios de sitcom, cuentos chinos, monólogos afroamericanos y la risa destartalada de Eddie Murphy; puede discernirse un hilo de coherencia alejada del propio personaje de Eddie Murphy.
Cosa muy complicada; ya que no sabes si reírte o estás mareándote en esa absurda espiral en la que te adentra, porque Eddie Murphy es Eddie Murphy en todas sus connotaciones e implicaciones posibles.

Alex Foley se acerca a la barra, llama la atención y pide “Ponme una Coca-Cola sin hielo”. El camarero responde “Una Coca-Cola sin hielo. Marchando”. ¿Marchando?. ¿Es una pizzería?. ¿Un asador?. ¿En la comanda de la Coca-Cola incluyen como tapa un plato de paella?. Es un simple refresco efervescente. Gasificante del recto. No vas a exprimir los ingredientes de la fórmula secreta del éxito. No requiere elaboración. Coges la botella del frigorífico, quitas la chapa y la sirves. En restauración, ‘marchando’ es para cantar la petición de una mesa a la cocina.

El superdetective viene de la ciudad de Detroit, conocida por la industria del motor y el alto nivel de criminalidad. La mayoría de la población es afroamericana, que se concentra principalmente en los suburbios.
Por el contrario, Beverly Hills o Hollywood, según la preferencia del espectador por el título original o el traducido, tiene una renta per cápita bastante elevada, por centrarse en el área de la recreación. Glamour, esplendor, riqueza y famosos son elementos que están relacionados con Los Ángeles.
El conflicto no está en los personajes o en las relaciones. Ni dramas ni tragedias personales; sino en las ciudades, en las diferencias y estilos de vida dispares. Riqueza, trabajo, necesidad, mentalidad…

Éste policía que no tiene compañero, porque cualquiera lo aguanta. Él se basta y se sobra para resolver los crímenes que van surgiendo en las distintas partes. Así que cuando el agente Foley sale de la ciudad hacia Beverly Hills, por segunda vez; ya hay pocas cosas que puedan sorprenderle, excepto el precio de la bebida.
Sobre todo, cuando en la anterior entrega va de gañote, y en está no va a poner de su bolsillo para dietas. Es de puño cerrado, agarrado, amarrategui. Tiene sudores fríos como a todo hijo de vecino. Pagar siete euros por una refresco que te bebes en menos de un minuto es una puñalada trapera. El minuto lo conviertes en una hora larga. Una lata cuesta aproximadamente unos 40 o 50 céntimos, dependiendo si está fría o no.
En un bar familiar un euro con veinte céntimos. En un pub o discoteca dos euros y medio. El precio va en alza correspondiendo con la zona donde la pidas. Si lo pides en una whiskeria saca la chequera.
No es lo mismo tomártela en León que en Puerto Banús.

Una pista lleva a Alex Foley, acompañado por los detectives William ‘Billy’ Rosewood y John Taggart, al club de striptease 385 North – Restaurant Bar.
Dinero, tetas y el cometarros murphiano del servicio secreto del presidente de los Estados Unidos Gerald Ford son las excusas perfectas para crear una tapadera y pasar desapercibido como policías. Hay que aparentar.
Cuatro perras de sueldo y los gastos del trabajo son fuerza mayor de la resignación.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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