Grandes machadas del cine de acción: La prueba del crimen.

Gran machada: “Soy un chulo de primera, ya lo sabes. Y ahora te voy a coser a tiros, y cuando acabe contigo, me voy a coger al capullo de tu amiguito y le voy voy a meter en mi harén. Y voy alquilar su culo durante un par de meses. Y luego, voy a coger esa navaja tuya y le voy a rajar de oreja a oreja como tenía que haber hecho ayer, cabrón”.

Casualidades y coincidencias. Cada cosa vuelve a su origen. Encuentros, reencuentros y encontronazos. Tal como empiezan, deben acabar. La vida es un círculo, donde enfrentarte al destino que te está esperando. Demás monsergas.

Entre tanta mierda, tacos, golpes, peleas, tiros, sangre salteada y escoria humana vomitada por doquier sin paraguas ni anestesia hay una relación paternofilial sobre la homosexualidad de John ‘El Duque’ Wayne y los westerns, el tiro fortuito de una proxeneta caricaturizado, y la infancia robada.

La huida de Oleg viene precedida por la discusión con el hombre, con el que está su madre. Tras el disparo, el vecino Joey (Paul Walker) esquiva por milagro la carambola de la bala, directamente hace una visita a la casa colindante para ver que ha pasado y se encuentra a Anzor Yugorsky del “¿Estás gilipollas?. No me he hecho esto yo mismo” por estar malherido.

Oleg corre hasta presenciar el numerito entre el chulo y su prostituta en una gasolinera. Éste la saca por los pelos con “¿Quieres estudiar para la Selectividad?”. El chaval harto de los maltratadores de la violencia de género le planta cara. De un lado recibe las burlas por la edad, estatura y el Barrio Sésamo, y las amenazas del hombre “Vas a ser el mocoso más alegre del cole. Una sonrisa en la boca, de oreja a oreja”, como le pasó a Joker de Batman; y las alabanzas de la prostituta “¿Qué cojones tienes, chaval?”.

Entre medias, van pasando otras cosas, poniendo las cartas sobre la mesa, correlación de hechos, resolviendo los asuntos pendientes y Joey salda cuentas.

El que está de paso, lo metieron con calzador, andaba por allí, es el secundario con un rol importante en la trama. Casual, ocasional e imprevisible. El que tiene entre ceja y ceja al muchacho para “Diez direcciones distintas. Diez vertedores” después de su recordatorio. Interrumpiendo. Haciendo la puñeta. Entorpeciendo, dificultando el progreso de la pareja protagonista. Jorobando el desayuno de tortitas.

Todo por preguntarle si es un jodido dibujo animado. Atando cabos. Concluyendo. Hay que verse las caras de nuevo con el cafisho.

Ajuste de cuentas. El remate final. Aunque vea dibujos animados, sea infantil y siga siendo un crío. Un renacuajo. Zanjar lo que habían pospuesto en la gasolinera.

Es inevitable echar en cara el pasado. Retomar el resquemor. Vengarse, soltar la rabia acumulada por el odio, y por tanto, calentar el ambiente con las mismas sandeces “Pequeño pistolero. Dile hola a mi amiguita”. Viene de individuos de esta calaña, no me extrañaría que se sacase la churra. Afortunadamente el chico no está solo, y le acompaña el padre ‘Paul Walker’ en funciones.

Aquí no solamente vence quien grita más, navajazos y balazos sobran; sino también quien más insultos e improperios escupe por la boca.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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