Grandes machadas del cine de acción: Desafío total.

Gran machada: “Considérate divorciada”.

Llega el doctor de Memory Call donde le implantaban falsos recuerdos, para convencer a Douglas Quaid (Arnold Schwarzenegger) de que sigue soñando, que lo que está viviendo son fantasías correlativas generadas por su mente y que él no está ahí, que no está en la habitación del hotel.

Los pellizcos son irreales. ¡Deja caer la manopla, Arnie!. Intentan comerle la oreja. Le incita para que se tome la píldora roja. Ve como el sudor le resbala de los mofletes a la papada. Douglas deduce automáticamente. Por si no lo lograba, se trae a la mujer de éste para que haga de modosita y se lo lleve de vuelta a casa. Le pega un tiro en la frente.

Abreviando lo que conocemos por marear la perdiz.

“Ahora sí lo has estropeado todo. Ahora sí que lo has estropeado”. Lori (Sharon Stone) grita como una bellaca histérica. La pared de la habitación revienta y empieza lo bueno.

A duras penas consigue zafarse uno tras otro; pero cada vez entran más personas, como gitanos saliendo de un 600, a ajustarle las tuercas al pobre de Arnold, que parece una jodida convención de abusones malhechores. Al primero lo vuelca, a los dos siguientes le sujetan y al cuarto que llega le pega una patada en la barriga. Quienes le tienen cogido, se los quita de encima a palos. Otro que le lanzan hacia él, le arrea en un costado. Lo tiran al suelo. Lo sostienen. Douglas Quaid o Hauser, o cuantos nombres le llamen, gatea como un bebé.

Y aún así, no ha llegado todavía lo peor de la paliza que está recibiendo. Los pies de la guarrona asoman. Su mujer a cantarle las cuarenta. Zapatazo en la cara “Esto por hacerme venir a Marte”, a continuación le machaca con el tacón los huevos “ya sabes cuánto odio este jodido planeta”.

La estampa es preciosa. Los dientes de Arnold sangrando y él bebiéndosela.

Paul Verhoeven le tiene un gusto a triturar las campanas del hombre. ¡Duele, duele!. Avisa a los otros compinches, que están en el bar del hotel. Salen de la habitación, cargando a la mole Schwarzenegger, que tiene que pesar más que un muerto, en el caso de Arnold, debe ser como dos o una funeraria entera.

Esperan al ascensor. Kenny G no suena. Larga espera. Llega la morena. A tiros con la ametralladora con ralentí cargándose a los malos varones que saltan como cucarachas y después se mueren. Rubia contra morena. Tonta contra salvaje. Estereotipos al poder. Pelea de gatas. Amazonas en pie de guerra. Queremos barro. Puñetazos, patadas karatekas, agarrones, codazos, entrenamiento militar, lanzamientos, llaves de judo, tirones de pelos, patada en el chichi. Al filo de la muerte.

En la cúspide, Lori hace de llorona y ruega a su marido: “Cariño, no me harás daño, ¿verdad, amor?. Vamos, sé razonable. Al fin y al cabo, estamos casados”. 

Los trámites, el papeleo, el tiempo echado, las disputas, abogados y notarios, los sentimientos, la justicia ciega, tragar mierda y restregártela hasta el jopo.

Douglas Quaid recorta los plazos en un santiamén.

Las malas lenguas siempre dirán “Ésta era tu mujer?. “Hija de puta”.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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