Grandes machadas del cine de acción: Chantaje.

Gran machada: “A ti… y a ti”.

A cuento de nada. Tom Ryan (Pierce Brosnan) apunta con una pistola a la pareja que ha secuestrado, que si hubiera más personas dentro del todoterreno podría jugar al pito gorgorito. Cejas para arriba. Primero uno. Luego, al otro. ‘Pito, pito gorgorito donde vas tú tan bonito. A la acera verdadera. Pim, pam fuera. Tú te vas y tú te quedas’.

Normal que se le crucen los cables. El matrimonio le saca de sus casillas. Tomándose su tiempo para reflexionar, para meditar y resoplar la hartura. Fuera de contexto. Apunta al hombre y después a la mujer. Desorientado con arrebatos. Hasta los huevos de que le pregunten ¿qué quieres?. También me gustaría saber qué diablos quieres.

El chantajista deja hacer una llamada a Neil Randall (Gerald Butler) para hablar con su jefe y decirle que llegará tarde. La esposa Abby Randall llama a una amistad, diciendo que no podrá ir. ¡Surprise!. Soy un infantil y me escondo en la parte trasera de vuestro coche para acojonaros el resto de vuestras tristes vidas. “Ya tengo lo que quiero”.

Llegan al banco. Paran en el centro financiero de la ciudad y no hay ni un agente de policía ni los brasas de los parquímetros para hacer mover el vehículo. “¿Cuánto dinero quieres?”. “¿Cuánto tienes?”. 90.000, 95.000 o 142. 367 dólares. Calderilla. Cuando hay dinero por medio, cuesta soltar la manteca, aunque pongas en peligro el pellejo de tu hija. El sentido de la propiedad es lo que tiene. Tu mujer te mata con la mirada.

Los trabajadores de entidad financiera deben echar tantas horas en el trabajo que se creen que el dinero es suyo y rematadamente suyo. Creyéndose los amos del mundo. Les cuesta más soltar dinero ajeno que el de su cuenta bancaria por un platito de aceitunas rellenas. Gente que confía en su seguridad y servicios que como buenos judíos no lo devuelven, cuando el ciudadano lo reclama y necesita. Tan patéticos como las dependientas de las grandes marcas que se parten el lomo doblando la ropa, pasando códigos de barras y dando el cambio de la compra de la clienta por la caja, que se creen que la empresa es suya, que los ingresos anuales que generan van para ellas, mileuristas en el fondo, y tratan como el culo al cliente. Les preguntas por algo y te sueltan las repetidas frases de dependientas, gastándose el sueldo en ellas mismas y guardando la ropa para sus amistades.

Salen del banco. Reanudan la marcha. Vuelven a detenerse. Tira el dinero incendiario. Abre la puerta del coche. El viento airea y oxigena flequillo, cara y lengua como un perrete. Hierros y hierros del puente. Dinero río bajo.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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