Grandes machadas del cine de acción: Sin salida.

Gran machada: “Será porque ahora sé lo que hago”.

A milímetros de sus labios. Ya los ha saboreado pausadamente, ya la ha besado, ya le ha prometido que no morirán; no obstante, debía soltar la llave para solucionar el malestar, el quiero y no puedo, de los amigos vecinales. Rellenar el vacío que había. Él es tu hombre y ella tu mujer. Simplemente faltaba la frase que asegurase la hombría, la chulería de los ‘adolescentes y críos’, que le demostrase a la chica, su chica, que es un tipo duro, que ha pasado de niñato a hombre y que la está macheando como se merece en una escena metidos en el vagón del tren para ellos dos solitos. Tampoco le hace falta mucho. Ningún problema porque ella también es una niñata.

La gran machada ambienta el momento de las hormonas recalentadas con un bamboleo del tren, la que lanza a la chica sobre el chico. A partir de ahí, presenciamos la escena tórrida subida de tono, ni casi petting, acariciando el delicado tacto de una camisa de leñador y unos vaqueros bien puestos. Ella le corta el rollo con calentón con “deberíamos comer algo”. “Sí, estoy hambriento”. Ella le deja tirado “iré a buscar algo”, para que se le baje descansando en el vagón.

Han dejado el instituto. Han olvidado las vacaciones de verano. Sin aparatos dentales y sin condón. Los preadolescentes son bichos raros y fiesteros, suben en los capós de los coches, pillan la primera cogorza, hacen bromas pesadas, quedan en bolas en los jardines, dudan de sus padres, se encaran y se pelean en el instituto, manejan Apple Mac’s, aprenden artes marciales, tienen un colega falsificador y van en moto.

La madurez llega dando mamporros, se toman la justicia por sus manos, no llaman a la policía, ven morir a sus padres, robar ropa a unos hippies, ponen en práctica las enseñanzas de arte en combate, usan armas de fuego, conducen deportivos, urden planes maquiavélicos, salvan el mundo, sacan las castañas del fuego al Gobierno, huyen de la gente que desconfían, y en los ratos libres, la matan.

Eso son los Estados Unidos.

De picos pardos. A vivir la vida loca. La escapada de Nathan (Taylor Lautner) y Karen (Lily Collins) parece más una excursión escolar o el viaje de fin de curso, que la búsqueda de respuestas existenciales, descubrir la verdad sobre sus padres o la llana lucha del bien contra del mal.

Aprovechando cualquier parón para un buen escarceo, un buen roce de cremalleras. Más quisieran ser James Bond y alguna de sus bellas mujeres.

Como buenos adolescentes para conseguir cacho hay que dedicar lindas palabras, espetando “será porque ahora sé lo que hago” o un ‘te quiero’ en el tuenti o en el facebook, como si esas dos palabras tuvieran que dispararlas como una metralleta a todas las chicas en ese momento y en ese lugar para ver si lo pilla alguna y yo me pongo fino. ¡Qué no quede viva nadie!.

Antes no tenía ni idea. Se comía los mocos y vería pornografía en internet. Ahora en cambio es un hombre hecho y derecho, responsable y con un gran futuro como agente doble o asesino en serie.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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