Grandes machadas del cine de acción: Diamante de sangre.

Gran machada: “Tú crees que soy un demonio, pero eso es sólo porque he vivido en el infierno. Ahora quiero alejarme de él. Y tú me ayudarás”.

Es lo que tiene mezclar el ultraísmo y el aire de aventuras, que las machadas se quedan a medias. La gran machada está en boca del malo de turno; aunque por encima aparezca el hombre blanco, que es peor todavía, sentado en el trono y pisoteando cualquier obstáculo que se le ponga por delante.

Se quita las gafas de sol para que le vea el ojo sajado, una herida por encima y amenazas a toda su familia como una felicitación navideña o un discurso en la entrega de premios. Acordándose hasta del apuntador: “No necesito matarte Solomon Vandy. Si no me entregas ese diamante, encontraré al resto de tu familia como he encontrado a tu hijo. Violaré a tu mujer ante tus propios ojos. Luego, la degollaré y me quedaré con tus hijas para mí”.

En el poblado-mina del FUR, el personal africano esclavizado y torturado, como mano de obra barata, está hundido en la miseria con la cabeza ahogada en el barro. El reflejo y la pala en el charco. Zanjar las diferencias.

Preferiblemente que te tengan puteado los de tu propia raza, que los que vienen de fuera y llevan miles de años arrebatándote tu país, tu vida y tu libertad. El extranjero de las narices. Mejor así, los problemas quedan en casa. Nadie entrometiéndose. Uno, con sus manitas, solucionando los problemas. No vagueando y mirando el espectáculo con un daiquiri de fresa.

Solomon (Djimon Hounsou) viene para rescatar al hijo, que le quitaron uno de esos grupos rebeldes de Sierra Leona (África) para sus intereses. Ricos y famosos. Explotando la tierra de los ancestros y a costa de sus iguales, extrayendo diamantes con un único fin, que no es otro que parecerse al hombre blanco. Todos viendo videoclips de hermanos afroamericanos rodeados de mujeres de camisetas mojadas, lavando sus cochazos. El otro responde que está cansado de ser un psicópata, de violar y matar, de hacer imposible la vida a los hermanos. Redimir sus pecados, pero si es con un diamante y el símbolo del dólar colgado del cuello, las penas y los lamentos desaparecen mejor.

Marylin Monroe ya lo decía, “los diamantes son mejores amigos de las mujeres” o de los pobres que no tienen donde caerse muertos.

Después hay que terminar la historia a la americana: llega el helicóptero y se lía la tropa. Las bombas que estallan y Di Caprio/Danny Archer, por ahí escondido como buen boy scout, perturban la tranquilidad de los que huyen.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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