Grandes machadas del cine de acción: Pulp Fiction.

Gran machada: “¿Y ahora qué?. Voy a decirte lo que pasará. Llamaré a un par de negros empapados en crack. Quiero que disequen a este colega, empleando un soplete y un par de alicates. ¿Has apuntado lo que he dicho, maldito capullo?. Aún no he acabado contigo. Ni lo sueñes. Practicaremos el medievo con tu culo”.

Los remordimientos aprietan en la conciencia de Butch (Bruce Willis) mientras escucha el griterío en el sótano de la trastienda. Quiera o no, a pesar de la putada que le ha hecho a Marsellus (Ving Rhames) con las apuestas del combate de boxeo, tampoco es cuestión de abandonarlo a la suerte de unos depravados sociópatas. Sabe que no va a ser agradable, por lo que tiene que prepararse para bajar la escalera. Busca en el mostrador una herramienta que instigue la muerte instantánea (referencia futura a Kill Bill).

Había muchas opciones cuando abriese la puerta; pero ver al poli Zed (Peter Greene) encular a un armario en wengué de 2×2, como Ving Rhames en un plinto, era una de las remotas tarantinas.

Al salvarle de las petadas anales, Butch hace la pregunta de rigor para ver como quedan las cosas entre los dos. “No estoy bien. Estoy a mil jodidas millas de estar bien”. Hay que sacar tajada, por si suena la flauta, para librarse del festín de destrucción y venganza que le iba a caer encima; aunque el ambiente rezume un tufillo un tanto incómodo para los que están metidos en el cuartillo y los que acabamos de ver la escena.

Ving Rhames sale a la luz, comprimiendo el agujero de la oscuridad, apartando al personaje que interpreta, Marsellus Wallace. Haciendo de tripas corazón. Mostrando entereza. Casi altivo, recita la gran machada con los últimos coletazos de rabia y vergüenza entre mafiosos “Aún no he acabado contigo. Ni lo sueñes. Practicaremos el medievo con tu culo”.

Como el ojete de Marsellus Wallace/Ving Rhames flota en su mente. Va a ser imposible borrar ese pasaje de la memoria. Está candente en el escozor e irritación. Sin embargo, Butch que ha prestado atención al discurso de su antiguo mecenas, sigue interesado en conocer que va a pasar con él.  Están en paz, excepto por dos cosas: “No hablarás con nadie sobre esto. Esto lo compartimos yo, tú y el violador que está a punto de pasar lo poco que le queda de vida en un dolor espantoso y apabullante. A nadie más le importa. Dos. Te irás de la ciudad esta noche. Ahora. Y cuando te hayas ido, quédate lejos o la palmarás. En Los Ángeles ya no tienes privilegios, ¿de acuerdo?”.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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