Grandes machadas del cine de acción: The Amazing Spider-Man.

Gran machada: “¡Oh, oh!. Alguien ha sido un lagarto muy malo”.

Spider-Man es el héroe que hemos querido ser siempre. Adolescente, callado e introvertido desea a la chica más guapa del instituto. Con días buenos y con días malos. Poseer un superpoder que cambie la rutina de la vida, que te haga sentir especial y si encarta salvar el mundo. Matar gente mala.

Eso sí, conservando la apariencia humana de buen ver y no siendo un bicharraco horrendo con graves problemas psicológicos.

Originando en una transformación del carácter, aflorando la verdadera personalidad de Peter Parker, que tiene ese punto chulito y sarcástico. Desata la bestia. La fiera arácnida. Esa capacidad, responsabilidad para el tío Ben, otorgada por la picadura al muchacho le hacer sentirse importante, querido por los demás, hasta tenérselo creído. Subírsele los humos a la cabeza.

Capaz de hacer cualquier cosa. Hazañas.

El otro yo, Peter Parker, es un pánfilo. Vulgar, corriente y común, sino fuera por la inteligencia y conocimientos en materia científica, como la gran mayoría. Asquerosamente humana. Enclenque, escuchimizado y atontado en nuestros peores días.

Fue enfundarse el traje, ponerse la máscara y sacar su mejor versión. El alter ego de licra. Suelta puyas y se marca borderías ante sus enemigos, aquello que piensa y da vueltas en su mente, y que nunca se atrevería a decir en público.

Cuando el Lagarto se presenta en el instituto, incorporan a Gwen Stacy “Una chica muy guapa. El tío Ben ya lo dijo” como colaboradora en la trifulca, aquello parece desmadre en el zoo. Desatan una ola de destrucción de cristales y mobiliario escolar, que les costará una pasta a los contribuyentes.  Que hay un elemento delante, allá van los dos animalillos a romperlo.

Peter Parker/Spider-Man sujeta la cola del lado viscoso del Doctor Connors “no me obligue a hacerle daño con el rabo. ¡Qué asco!”; mientras le va bamboleando el espinazo por las taquillas del pasillo hasta quedarse con el rabo extirpado y aferrado del ‘se va el caimán, se va para la barranquilla’ entre sus brazos.

Va dedicando indirectas muy directas, para liberar la tensión del combate, hasta poner voz de pito y burlona, como la mamacita que recrimina a un hijo. Ñiñerías mil. Por mucho que se empeñe la tía May en vendernos la imagen de anciana adorable  y del hijo pródigo “Peter Parker. Si algo eres tú, es ser bueno. Y quien quiera discutir eso, que hable conmigo”.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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