Grandes machadas del cine de acción: Los mercenarios 2 (The Expendables 2).

Gran machada: “Si quieres ser un hombre. Yo te haré un hombre”.

Cuando la “manada” se reúne al completo es hora de alcohol, drogas, lumis y muy de fondo rock n’ roll; el resto del  día -la misión de pasatiempo- Sly, Arnie, Willis, Chuck Norris y chupete Jason  están de cachondeo, haciendo bromas, echándose unas risas, el pitorreo continuo “¿Quién será el siguiente?, ¿Rambo?” y pegándose vaciladas ‘a ver quién es el más chulo’ y puyas.

Hasta intercambian roles de personajes míticos robando el “Yipi ka hei” de John McClane o cimentando la leyenda de ‘Desaparecido en combate’ con “Ahora me he calmado” ante un montón de cadáveres y “Sí, así fue. Pero después de cinco días de insufrible dolor, la cobra murió”; incluso algún secundario del grupo se permite licencias ante el mismísimo Gobernator “Si no me la devuelves, dile ‘Sayonara baby’ a tu culo” y éste le responde “Ya te gustaría”.

Un peldaño por abajo,  Maggie ‘mujer’ Chan le dedica a Dolph ‘Frankenstein’ Lundgren un “No llores Gunnar”.

Sobreexplotando frases históricos “Houston tenemos un problema” antes de un cruce de disparos, ajustando cuentas en el homenaje del “He vuelto”, “Hasta aquí has llegado bastante bien”, “¿Siempre ha sido tan egoísta?” y “Tú ya has vuelto suficiente. Volveré yo” en el reencuentro del trío calavera y momentos graciosos “¿Quién ha sido?”, “Mi zapato es más grande que este coche” o como la máquina de rayos X estilo ‘Desafío Total’.

Amor a los años 80.

A gritos, con pelo en el pecho, usando en grandes cantidades botox y Grecian 2000 siempre hay tiempo para dar ánimos al grupo “Vamos”, “acaba con él”, “adiós”, “quiero ver algo de pasta”, “dispárale a algo”, “dejádmelo a mí”, etcétera, etcétera  en el festival de sonrisas de metralla. Alentando a viejas glorias.

Solamente cuando la acción se torna seria, los personajes encrudecen en su mala leche y desembocan en duelos personales a muerte primero y hostias después, “Recógela, tú”.

Stallone contra Van Damme. Los diálogos importan. Son la salsa de la vida. Van de un extremo a otro, de boca a boca como bucaneros: “¿Cómo va a ser?. ¿Hombre u oveja?”. “No voy hacerte daño. Voy a quitarte la vida”. “¿Tan pronto hemos acabado?. Quiero que me devuelvan el dinero”. “Y vuelta al suelo”. “¿Te gusta?”. “¿Hablas conmigo?”. “Se llamaba Billy”.

Los palos son intrascendentes. La guarnición.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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