Grandes machadas del cine de acción: Siete psicópatas.

Gran machada: “La paz es para los maricas. Y ahora vais a morir”.

Están elaborando el guión de ‘Siete psicópatas’ en mitad de la nada del desierto. Alrededor de una hoguera como en los campamentos de niños americanos, contando historias de miedo. Ésa es la cuna de tanto boy scouts.

Uno de ellos narra su versión final para el gran tiroteo en un cementerio. Interrupción. El mafioso psicópata nº3 aparece con su elenco de secuaces pegando tiros a diestro y siniestro sin ningún objetivo claro. Por si pasa alguien, me lo llevo por delante. Sin embargo, para equilibrar la balanza, ‘J de diamantes’ llama a sus amigos del psiquiátrico, que emergen como zombis de las tumbas armados hasta los dientes. Pistolas a una mano, a dos manos… un lanzallamas porque es del Vietcong y hay que quemar arrozales.
El guionista escondido y aislado de la matanza, escribe como una nenaza hasta que le meten a su exnovia para la reconciliación, gritan dramáticamente en la tormenta épica, y hay que matarla porque es una hija de la gran puta. ¡¡¡Kayaaaaaaaaaa!!!.
Toma la venganza al pie de la letra. Tira una lápida porque es elegante. Le pone unas metralletas en las manos y suenan los efectos sonoros de las gárgaras burbujeantes del narrador.

Interrupción. Recupera sus notas que ha tirado por la efusividad. Los oyentes ríen perplejos. Desfile de balas. Mata a dos de los psicópatas para reestablecer el orden natural de las cosas. Han acabado con muchos extras. Alguno tiene que caer. Mete a un conejo blanco inmortal porque sólo mueren mujeres. Machismo ninguno que después vienen las protectoras de animales. Al vietnamita que usa nunchakus japoneses también se lo carga.

Han sobrevivido el guionista y Hans que se descubren con pose guerrera y pistolas descargadas. Patas alicates. Es el duelo final. De las sombras sale el malo, con dos pistolas y fumando un puro. Bastante holgado es capaz de sacarse el puro de la boca con una de las manos ocupadas. Y pronuncia la gran machada: primera parte seria y la segunda jocosa casi mofa “…moriiir”.
El psicópata ‘J de diamantes’ no estaba muerto, estaba de parranda. Resucita. Un poco herido. Le ensarta una flecha con la ballesta a lo ancho del cuello. Finalmente, lo remata con una escopeta que le revienta explota la cabeza chorrosangre.
Epopeya fantasmal. Opiniones.

Acerca de JrdGarz

De todo un poco.
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